Roles y personas

Una definición muy completa de lo que entendemos por rol podría ser la siguiente: conjunto de expectativas de conducta asociadas a un puesto, si se trata de un equipo de trabajo, o en general a la posición que se ocupa dentro de un grupo.
De alguna manera y aunque sea de una forma inconsciente, podríamos decir que somos unos magníficos actores que vamos interpretando a lo largo de nuestra vida distintos papeles en función de las características del grupo en cuyo marco interactuamos. Ante esta idea surgen dos preguntas que ayudan a entender por qué encajamos mejor en un tipo de grupos y de roles que en otros:

¿Quién define el papel que hemos de interpretar en cada grupo?
Contrariamente a lo que piensa mucha gente, el rol no sólo lo configura el individuo, también lo hace el grupo. Al igual que sucede en un puzle, si la persona ejerce el rol de un modo que satisface al grupo, su encaje en el mismo será sencilla, pero si por el contrario no responde a las expectativas y necesidades depositadas en él, tendrá serios problemas con el resto de miembros. Incluso la ficha del/a líder a la hora de definir su contorno debiera de tener en cuenta lo que le pide el grupo.

¿Podemos ejercer cualquier tipo de papel?
No todo el mundo posee la misma flexibilidad a la hora de encajar su rol en el puzzle que simboliza un grupo. De este modo una persona que por ejemplo tan solo puede ejercer un liderazgo autoritario no podrá ser jefe/a en cualquier equipo de trabajo, tan solo en aquellos donde sea aceptado. En este mismo sentido una persona con escasas habilidades relacionales difícilmente encajará en puestos de atención al público y si lo hace seguramente será con bastante sufrimiento.
En definitiva cuando se forma parte de un grupo (laboral, familiar o social), se produce una cierta renuncia a la individualidad, lo cual genera un sentimiento de pérdida, pero también nos protege a la hora de encajar la agresividad que se pueda generar en dicho grupo, ya que en buena parte debiera de quedar en el rol y preservar a la persona. Es decir la crítica que he recibido de una persona a la que estoy atendiendo no es a mí, pues ni me conoce, es sobre el modo en el que estoy ejerciendo un rol determinado. Desde ahí conviene analizarla.